Sauzalito. En diálogo exclusivo con Voces de la Jornada por LT16, el Padre Juan Barrios detalló la desafiante tarea pastoral que la Iglesia Diocesana realiza en el monte chaqueño. Él recorre cientos de kilómetros los domingos para llevar contención, esperanza y fe a comunidades alejadas.
En el marco del aniversario diocesano, la labor misionera en las zonas más postergadas del Chaco cobra un valor fundamental. Mantener viva la fe y la presencia de la Iglesia en El Impenetrable supone enfrentar distancias continentales, la rigurosidad del clima y complejas realidades sociales.
En una entrevista brindada al programa Voces de la Jornada por LT16 Radio Sáenz Peña, el Padre Juan Barrios compartió la trastienda de una misión que define como “una Iglesia en salida”. “Si dijera que yo tengo que llevar adelante esto sería una injusticia y una carga enorme. En la oración le digo al Señor: ‘Son tus hijos’. Nos disponemos desde la persona y desde las comunidades a ese servicio, con medios humildes”, expresó el sacerdote al describir la mística con la que encara el trabajo cotidiano.
La camioneta como hogar y cientos de kilómetros por fin de semana

La parroquia San Francisco Solano abarca nueve comunidades urbanas y semiurbanas, a las que se suman numerosos parajes adentrados en el monte espeso. La logística requerida para garantizar el acompañamiento espiritual refleja una entrega absoluta.
Cada fin de semana, el Padre Barrios realiza un itinerario que supera los 200 kilómetros para atender las comunidades principales de El Sauzalito, Misión Nueva Pompeya, Fuerte Esperanza y Wichi.
“Para que tengan una idea, Fuerte Esperanza de Sausalito está a 115 kilómetros y de vuelta son 230. Ese es mi recorrido así de un domingo”, mencionó el sacerdote, quien recordó entre risas la anécdota de un seminarista que, al ser consultado por un poblador sobre dónde vivía el cura, respondió espontáneamente: “En la camioneta”.
Durante los días de semana, la labor continúa con la visita a pequeñas comunidades a través de misas, bendiciones y las tradicionales “santeadas” (fiestas patronales locales).
Red social y contención en medio de la vulnerabilidad

En el Chaco profundo, la función pastoral del sacerdote se entrelaza de forma inevitable con las urgencias de la población. Al respecto de la falta de infraestructura de salud y caminos, el párroco remarcó que “a veces cuando alguien está enfermo es difícil tener la salida urgente, y entonces también hay que echarle una mano”.
Entre las principales problemáticas que afectan a la región, Barrios enumeró: los problemas alimentarios y de agua agravados fuertemente en épocas de sequía o de inundaciones; los problemáticas sociales como el alcoholismo y situaciones derivadas del machismo, con abuso de poder y violencia; la diversidad cultural mencionando que alrededor del 60% de la población parroquial pertenece a la etnia Wichí. “Son buenos, tienen sus valores como toda cultura, pero también sus limitaciones y cosas que mejorar”, acotó.
A pesar del contexto, el sacerdote destacó la entereza de la población: “Encuentro a la gente sencilla, trabajadora, aguerrida, resiliente, con muchos valores de respeto a la vida, al trabajo, a lo sagrado y a la familia”.
“Acercarse, escuchar, acompañar y rezar”
Al ser consultado sobre el significado profundo de «ser Iglesia» en la Inmensidad del impenetrable, el sacerdote resumió la tarea apelando a la cercanía y a la paciencia con los tiempos del poblador rural: “Ser Iglesia es tener esa capacidad de acercarse, escuchar y acompañar; así serían los verbos, y bueno, y rezar. No tienen los tiempos que nosotros tenemos por el ajetreo de las ciudades. Son otros tiempos para todo y uno se va amoldando a la vida de esas comunidades y aprendiendo”.
Finalmente, el Padre Juan Barrios hizo un llamado a toda la Diócesis San Roque a mirar a las comunidades del Chaco profundo sin prejuicios ni estereotipos : “Primero hay que mirarlos normalmente como seres humanos. Con sus características culturales particulares, pero con la misma dignidad”.

