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Arrepentido 1: García involucró seriamente al juez Juárez en supuestos delitos graves

Sáenz Peña. El abogado Pablo García en su declaración dejó complicadísimo al ahora suspendido juez civil y comercial Nº 1.

Sobre el vínculo con el ex magistrado suspendido y sometido a un jury por el Consejo de la Magistratura provincial, García relató: “Un día, él recién había asumido, creo que era en el 2013, estaba como suplente todavía, no estaba firme, me llama a su oficina en el juzgado donde me comenta que había venido una gente a ofrecerle coimas por una causa de Mestre contra Harrison Donnelly, pero que él no opera de ese modo, pero me gustaría hablar con Juan Manuel, ¿le podés decir que se acerque?”.

“Entonces cuando vuelvo al estudio le comento eso a Juan Manuel y él me dice: ‘Ah, éste está queriendo negociar’; Juan Manuel viene al despacho de Juárez, entonces desde ahí es que comienza la relación con ellos. Y le sacó el trámite ese. Mestre cobra ese dinero, va al estudio y Mestre paga los honorarios. Le da a Juárez $ 36.000. De eso me acuerdo bien: Juárez lo fue a buscar al mediodía. Yo caí después del mediodía en el estudio. Cuando le pregunto a Juan Manuel él me cuenta que $ 36.000 se llevó Juárez momentos antes”.

“Después me acuerdo, un sábado a la mañana, siempre iba temprano al estudio, a las 8 ya estaba yo, pero él me ganaba siempre. Entró por abajo. Cuando entro a la oficina veo $ 200.000 en una biblioteca detrás de su escritorio, sabía que había esa cantidad porque él me lo dijo. Le pregunté: ‘¿Y eso?’, Juan Manuel me dijo que era para el amigo (él lo identificaba como ‘el amigo’ al juez Juárez). Veo que viene Juárez porque escucho el portoncito que hacía ruido y le digo a Juan Manuel ‘Ahí viene tu amigo’, entonces él me dice ‘Sí, dejame solo’ (era obvio que me tenía que ir, no me quedaba a recibirlo al juez); subo a la oficina de arriba. Después me manda un mensaje que baje, entonces bajo, yo lo saludo a Juárez que estaba en la oficina de abajo, que era la de Juan Manuel, y tenía Juárez un bolso colgando en su hombro, y ya no estaba más el dinero donde lo había visto cuando llegué”.

“Juan Manuel decía que Juárez y él querían formar un tipo de cofradía como para protegerse entre ellos. Ellos se reunían todos los jueves a comer asados, yo no iba a esos asados. No me hacían participar porque yo iba a abrir la boca, era muy pendejo. Era constante la cantidad de dinero que manejaba, él escondía la plata en el ropero de la mamá, en una pieza que era la de María Rosa, y él tenía la llave en otro lado”.

El supuesto al método operativo

Previsiblemente, García sólo menciona en su declaración las causas que trascendieron y llegaron a manos de la fiscal Lupi, pero aunque no hable de otros casos él mismo se encarga de explicar que había un sistema de trabajo puntilloso, y es en ese marco que la fiscal entendió que no estaba investigando estafas aisladas sino a una banda con recursos e infraestructura que identificaba casos y pergeñaba la realización de las operaciones de las que obtenía cuantiosos fondos.

“Juan Manuel falsificaba todas las firmas”, reveló García en un pasaje de su declaración, y reconoció que él también lo había hecho en alguna ocasión. Pedro Juárez, en cuyo juzgado se materializaban esos desalojos, transferencias de propiedades y medidas autosatisfactivas, era “aceitado”.

“Todo el tiempo Juan Manuel se quejaba de Juárez, que era un barril sin fondo”, precisa García, quien además cuenta que en 2014 Michlig y el juez viajaron a la provincia de Córdoba, donde el abogado le compró una camioneta a Juárez: “Calculo que con eso lo calmo unos meses”, había bromeado Michlig.

“Respecto de la forma de trabajar en el Juzgado Civil de Juárez, era así: cuando había un planteo, algo que era medio complejo, para que el juez tuviera fundamento al resolver, Michlig llevaba el caso o la causa a la casa de Juárez, le decía que lea el planteo, y si había que corregir algo que lo cambie o lo corrija, y ahí Juárez le decía si estaba bien o mal para poder resolver a favor de Juan Manuel. Juan Manuel me decía siempre que la tarifa mínima era $20.000, para cualquier tipo de juicio, para arrancar; con eso empezaba a aceitar el tema. Esa tarifa mínima significa que en todos los procesos que presentaba Juan Manuel en el juzgado de Juárez, éste le decía que ‘veinte sale’”.

“Era Juan Manuel quien nos decía a Mauro y a mí que vayamos a Catastro, que veamos los datos catastrales, que vayamos a Economía a ver si tenían pagados los impuestos de mejoras, pavimento, y veíamos si estaba en regla o no, y esos informes se los llevaba a Juan Manuel”.

“En relación a las causas, era Michlig quien llevaba adelante todo el trámite, quien dirigía y diagramaba todo, y me decía: ‘Andá para acá, llevá esto, firmá aquí’; él no exponía su matrícula, usaba de otros abogados pero él manejaba todo, todo el dinero. Yo trabajaba para él: no pagaba la luz, el agua, el alquiler de la oficina donde yo estaba, pero tenía que hacer todo eso a cambio. Juan Manuel era el que falsificaba la firmas de La Regina, Del Fabro, Medina; Mauro también a veces lo hacía, y yo lo hice un par de veces pero no recuerdo de quién”.