El llamado de la Iglesia a “reconstruir esta Argentina que nos duele a todos”

Buenos Aires. En sintonía con el último mensaje episcopal, el cardenal Poli advirtió sobre “la inflación asfixiante que padecemos y que genera miseria”.

En la celebración del día de San Cayetano, que tras los dos años de la pandemia volvió a reunir a miles de fieles en el santuario de Liniers, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, pidió tener “actitudes solidarias y fraternas que nos permitan reconstruir esta Argentina que nos duele a todos”.

Fue el mensaje central de la Iglesia, en una jornada en la que las organizaciones sociales se movilizan rumbo al centro porteño, con la consigna “Pan, paz, tierra, techo y trabajo”.

“Hay muchos ‘Cayetanos’ anónimos”, dijo Poli, frente al afligente cuadro social. Y, en línea con el reciente documento de la comisión ejecutiva del Episcopado, el cardenal primado advirtió sobre “la inflación asfixiante que padecemos y que genera miseria”.

Las puertas del santuario se abrieron a la medianoche, cuando personas de todas las edades formaban más de siete cuadras de fila para ingresar. “Cuando se cierran otras puertas, se abren las del santuario”, dijo el cardenal Poli, al promediar la mañana y poner de relieve la fuerte devoción por el santo patrono del pan y del trabajo.

A pocas cuadras del santuario, la marcha piquetera partió a primeras horas de la mañana hacia el cruce de la Avenida de Mayo y 9 de Julio, con banderas de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), la Corriente Clasista y Combativa (CCC), Somos Barrios de Pie, el Frente Popular Darío Santillán, el Movimiento Evita y la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), entre otras organizaciones. Salvo el contexto social, no hubo vasos comunicantes entre la movlización y la celebración religiosa.

El endurecimiento de las demandas sociales se da en momentos en que el gobierno de Alberto Fernández se desprendió de funcionarios con llegada a la Iglesia y alguna vía de comunicación con el papa Francisco, como Gustavo Beliz y Julián Domínguez. Un circuito que no suele transitar el nuevo ministro de Economía y hombre fuerte del gabinete, Sergio Massa. El propio Martín Guzmán, su antecesor, había participado de un encuentro en el Vaticano con la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Giorgeva.

Dentro del universo kirchnerista hay fuerte expectativa, además, por la continuidad del vínculo con Juan Grabois, otro dirigente cercano a Francisco, quien el miércoles recibirá en el Vaticano a Pablo Moyano. Mientras no se acallan las discusiones por el salario básico universal, un reciente inforne de Cáritas y del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA reveló que en la última década el 30% de la población en la Argentina “nunca dejó de ser pobre”.

En ese contexto social, Poli llamó a tener “una mirada solidaria de la realidad, no para escandalizarnos, sino para conmovernos y comprometernos”. Y se refirió al “pan que alimenta nuestra vida y que diariamente se hace más inalcanzable, a causa de la inflación asfixiante que padecemos y que genera miseria”.

“¿Cómo no pensar –añadió el cardenal- en la cantidad creciente de hermanos y hermanas que se acercan cotidianamente a los comedores, en los adultos mayores que no pueden comprar sus medicamentos, en las familias cuyos ingresos son cada vez más insignificantes?”

Y afirmó: “El pan que se pide para todos, el que se logra con el propio trabajo, es un clamor de justicia”.

“Esperanza activa”

El mensaje del cardenal primado se sumó a otros pronunciamientos de la Iglesia. El titular del Episcopado y obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, pidió tener “una esperanza activa” en estos tiempos de crisis y afirmó que “la sensibilidad para con el hambre de nuestro pueblo es lo que garantiza una educación para la paz”.

“El pan representa todo lo que el hombre necesita para vivir. Detrás del pan de cada día está el trabajo, el trabajo digno con el que el pan debería llegar a la mesa, el trabajo que nos hace sentir parte y pertenecientes a un cuerpo social, el trabajo que nos hace aportar lo nuestro para el bien común”, señaló Ojea.

En tanto, un crudo diagnóstico sobre la situación social trazó el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano. “Muchas familias viven a la intemperie, tienen viviendas sumamente precarias. Comen salteado y pasan hambre. Hace falta cuidar del hambre y la miseria que dejan secuelas irreparables”.

“Encontramos cada vez más gente con la vida rota en mil pedazos, como cuando se rompe el vidrio de un auto”, graficó el arzobispo Loznao, que también es secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam). Frente a ello, afirmó que “la tarea de recomponer parece imposible y nos puede ganar el desaliento. Por eso pedimos con insistencia: Ayúdanos a cuidarnos como hermanos, que no dejemos crecer la indiferencia ante el sufrimiento”.