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Las ladrillerías generan miles de fuentes de trabajo y millones de pesos por mes

Sáenz Peña. “Si los anuncios para el sector se concretan, entendemos que va a cambiar la forma de producir”, indica Oscar González, presidente del consorcio de ladrilleros de Sáenz Peña.

El trabajo de las ladrillerías en la provincia genera un movimiento económico de algo más de trescientos millones de pesos por mes, que se redistribuyen en las economías locales, pero siempre en la informalidad. La conformación de los consorcios ladrilleros pretende sacar de la marginalidad a la histórica producción de adobe, que hoy tiene demanda del mercado del centro del país.

La activación de los consorcios que nuclean a los fabricantes del adobe, genera expectativas en un sector que mueve mucho dinero por mes, pero que vive y trabaja en total precariedad. “Si los anuncios para el sector se concretan, entendemos que va a cambiar la forma de hacer el ladrillo, obteniéndose mejor calidad para satisfacer el requerimiento de otros mercados en el país, lo que significará que la economía del ladrillero mejore y los trabajadores tengan mejor paga”, indicó Oscar González, presidente del Consorcio de ladrilleros de Presidencia Roque Sáenz Peña.

En el Chaco, hasta el momento, están conformados 23 consorcios que nuclean a 1.800 productores de ladrillos, “los que tienen entre 8 y 10 trabajadores”.

Los 1.800 productores contabilizados en los consorcios conformados, con un promedio de 8 trabajadores cada uno, están generando más de 14 mil puestos de trabajo, estables pero informales, a los que se tienen que añadir los que los proveen de la leña o la liga.

SOÑAR UN FUTURO MEJOR

En las condiciones en las que trabaja históricamente el productor del elemento esencial para las construcciones, “siempre fue imposible pensar en el desarrollo o en que los hijos terminaran de estudiar alguna carrera”. “En los términos que venimos trabajando, no podemos pensar en tener un hijo profesional, apenas si terminan séptimo grado o, por obligación, llegan al cuarto o quinto año del secundario”, expuso González. El ladrillero referente del consorcio local, como sus pares, se ilusiona en que “si las mejoras anunciadas para el sector se hacen realidad, podremos pensar en tener un hijo o nieto profesional, o simplemente lograr el bienestar que siempre perseguimos”.

“El ladrillo nosotros lo concebimos como una industria pero siempre quedamos marginados”, sentenció el ladrillero saenzpeñense que hizo un crudo paralelismo con el cemento, el otro material necesario junto al ladrillo para edificar cualquier obra. “No me imagino a los productores de cemento pidiendo una bolsa de mercadería o un plan social y ese producto va a la par del ladrillo en cualquier construcción”, dijo en una dramática comparación de lo que son las dos realidades.

DINERO DINAMIZADOR DE LA ECONOMÍA LOCAL

Los consorcios tienen registrados 1.600 productores, pero en el relevamiento de los propios ladrilleros, “serían aproximadamente dos mil los productores en el centro chaqueño”.

La producción promedio de cada ladrillería es de 20 mil adobes por mes, lo que se traduce en un total de 40 millones de unidades de barro cocinado en treinta días. El valor hoy de cada unidad es de 8 pesos, lo que equivale a un movimiento mensual de efectivo de 320 millones de pesos. “El dinero se redistribuye en las economías locales, porque no hay un ladrillero rico o potentado y si bien la cifra es relevante y puede impactar a muchos, se trabaja tan precariamente que el mayor porcentaje de esa plata es parte de la economía informal, pero es dinero que queda en los pueblos, en los almacenes, en el comercio local”, mencionó Oscar González.

DEMANDA NACIONAL

El ladrillo del Chaco, con concentración de la producción desde el centro hacia el oeste de la provincia, está registrando hoy “mucha demanda de otros lugares del país”. Los productores locales están enviando el adobe cocinado a La Pampa, Mendoza, Santa Fe y Buenos Aires, “lugares que se proveían de Córdoba, Chacabuco y Mar del Plata”.

Los ladrilleros chaqueños desconocen los motivos, pero las obras en esas provincias, en su mayoría viviendas de alta gama o construcciones en barrios cerrados, “se volcaron al Chaco y encontraron en esta zona el ladrillo que requerían”. “Es una oportunidad para nosotros y tenemos que estar preparados para satisfacer la demanda de ese mercado, con la calidad y la medida que necesitan, también acomodándonos a la forma de envío que es en palets y envueltos en film”, señaló Oscar González.

CALIDAD UNIFORME

El requerimiento del material chaqueño, en su mayoría, está destinado a satisfacer un mercado de construcciones de cientos de metros cuadrado. “Los clientes tienen sus normas y piden una determinada medida del ladrillo, con una textura fina y pareja y nosotros podemos lograr ese producto”, dice el productor del barrio Matadero.

Los ladrilleros chaqueños tienen las condiciones para satisfacer esos requerimiento de “elite”, pero necesitan mejorar las condiciones de trabajo “para pagarle mejor al cortador y haga cortes más delicados, obteniendo menos cantidad pero más calidad”.

En la búsqueda de lograr ese objetivo, es que el 21 de agosto en el día Nacional del Ladrillero, se anunció el Fondo Integrado para Consorcios Ladrilleros, de 33 millones de pesos hasta fin de año, que facilitaría el financiamiento para el desarrollo de la actividad. El aporte económico, que deberá ser considerado anualmente en el presupuesto provincial, es fortalecer y regularizar la mayor cantidad posible de consorcios ladrilleros para facilitar el acceso a financiamiento, equipamiento, insumos y capacitaciones. Los recursos del Fondo Integrado serían, en principio, volcados a la compra de camiones y equipamiento para terminar con la tracción a sangre, insumos y moldes para mejorar la producción, además capacitaciones para llegar a la meta de fabricación de 100 millones de ladrillos por mes.

Playa de concentración de la producción

La demanda del centro del país, los encontró a los productores de ladrillos “desarmados”. “Nos encontramos con flotas de camiones que vienen a cargar los ladrillos; te dicen que te mandan tres o cuatro camiones para cargar en alguna de las zonas pero en muchas ocasiones no alcanza para completar el equipo, que son aproximadamente 20 mil ladrillos”, relató González.

En ese sentido, el productor consideró que “sería bueno contar con una playa para el acopio y almacenamiento del ladrillo, para ser más eficientes y asegurar la carga de los camiones completos”. La concentración de la producción en un determinado lugar, consideran que también les permitirá “defender el precio del adobe”.

“La opción de concentrar nos permitiría vender en conjunto y evitar a los compradores inescrupulosos que buscan bajar el precio”, remarcó Oscar González.

Precios comparativos

En el centro chaqueño, se pagan los mil ladrillos entre 8 y 10 mil pesos. Es el valor vigente para quien esté construyendo y necesite el adobe en esta parte del país. Los valores cambian en otros lugres de la provincia donde la producción se hace difícil, llegando a venderse los mil a 14 o 15 mil pesos.

En la comparación de precios con otros lugares de Argentina, los valores registran abismales diferencias. En el gran Rosario, el ladrillo se cotiza entre 30 y 40 mil pesos las mil unidades y más hacia el sur, en la provincia de Buenos Aires, los adobes originados en Córdoba se pagan algo más de 100 mil pesos los mil.

En un presupuesto solicitado a un corralón de la La Plata, con data de la segunda quincena de agosto, los valores cotizados distan mucho de lo que pagan los chaqueños por cada millar de ladrillos.

En La Plata, los mil adobes comunes, sin especificación de origen, tienen un valor de casi 39 mil pesos, mientras que el común pero seleccionado cuesta algo más de 41 mil pesos. El ladrillo con terminación para vista, con origen en Córdoba, cotiza casi 102 mil pesos las mil unidades, mientras que el mismo pero originado en Mar del Plata tiene un costo de 52 mil pesos y el proveniente de Mendoza, está cercano a los 65 mil pesos.