7 noviembre, 2026

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León XIV instó a construir puentes para evitar la pobreza, enfrentar la corrupción y defender la educación

Paysandú, Uruguay. Durante su primera misa en América Latina, el Papa reivindicó al mate como símbolo de diálogo social y reclamó que no se abandonen a los niños y los ancianos.

Fue un instante, un segundo: Léon XIV se aferró a la baranda del Papamóvil, sonrió con inmensa alegría, y avanzó hacia miles de fieles que ocupaban el parque París Londres de Paysandú, un pueblo rural ubicado a 400 kilómetros de Montevideo (Uruguay).

Con escasa temperatura, nublado y con un viento que soplaba de a ratos, León XIV vestía un sobretodo blanco para enfrentar las inclemencias del tiempo. Encaramado sobre el Papamóvil, nunca dejó de sonreir mientras se dirigía al altar para pronunciar una misa que dejará huellas en el futuro mediato.

América Latina sufre pobreza, marginalidad y crisis económica, además de casos de corrupción pública que conmocionan a su sociedad. El Papa conoce la lógica de poder en la región, y dictó una clase de 14 minutos que se puede leer en clave religiosa y laica.

León XIV se apoya en objetos para expresar su credo. Ayer en Montevideo hizo un discurso con referencias al Monumento de Artigas, hoy en Paysandú recurrió a los puentes, el mate y la palma.

“En esta ciudad de Paysandú se encuentra el Puente Internacional General Artigas, que atraviesa el río Uruguay uniendo dos países limítrofes (Uruguay y Argentina). No es difícil imaginar los beneficios que genera un puente: apertura, comunicación, intercambio. Por eso, qué importante es ser constructor de puentes. Esa es la vocación a la que todos estamos llamados. Construir puentes, estrechar lazos, unir, comunicar, transmitir la alegría de la fe, como lo hizo el beato Jacinto a tiempo y a destiempo”, explicó el Papa.

El Puente es un concepto que utilizó Francisco en todo su papado. Y la mención directa de León XIV no sólo es un tributo a su antecesor, es la evidencia directa de su decisión de continuar con una ética religiosa que interpela al poder global.

En tiempos de Francisco, Rusia invadió Ucrania y Hamas atacó a Israel. Ahora, León XIV enfrenta idéntico escenario internacional, y como Francisco insiste en la construcción de puentes para alcanzar la paz.

“Es necesario que un puente tenga buenos cimientos para que no sucumba a las corrientes más enfurecidas. Ciertamente, así como la casa edificada sobre roca permanece firme en medio de la tormenta y la casa construida sobre arena corre el peligro de derrumbarse, también un puente necesita los soportes adecuados para no desplomarse con la fuerza del viento y de las aguas. Cada vez que vayan a la costa y divisen el puente, recuerden que este símbolo nos representa y nos indica la importancia de una sólida formación cristiana”, sostuvo el Papa ante 40.000 fieles que presenciaban su misa.

Cuando concluyó con los puentes, y el sol ya había aparecido, León XIV apeló a la figura de los palmares para describir su dogma de fe,

“Dice el libro de los Salmos que el justo florecerá como una palmar. Este árbol es resistente a la fuerza de los vientos, posee raíces profundas, se eleva rectamente hacia el cielo en busca de luz y produce dulce fruto del yataí. Esta es una hermosa imagen del origen y el destino al que estamos llamados: a arraigarnos en Cristo, alfa y omega, principio y fin de nuestra vida, para que permaneciendo unidos a Él, demos buenos frutos”, dijo el Papa en la parte más litúrgica de su homilía.

Y completó:

“Al mismo tiempo, vemos que en esta región las palmas no crecen aisladas, sino que forman palmares. Es decir, son muchas, no están solas ni distanciadas. Así también la Iglesia es una comunidad de hermanos que hunde sus raíces y bebe de un manantial común: la palabra de Dios, los sacramentos, la oración y la acción caritativa. Y sus fieles elevan su mirada para alabar juntos a Cristo, sol que nace de lo alto, cuya luz guía los pasos de la humanidad por el camino de la paz”.

Al promediar su misa, León XIV hizo referencia al mate. Y esa mención causó una ola de sonrisas entre los fieles. A diestra y siniestra se tomaba mate: a punto, espumoso, imbatible.

“Finalmente, pensamos en un símbolo que está presente en cada hogar de este país, en cada lugar de estudio, de trabajo, en cada reunión de amigos. Me refiero al mate, esa bebida tan típica de Sudamérica, cuyo significado profundo ustedes pueden explicar mejor que yo. Seguramente, el mate los ha acompañado también hoy en el viaje de camino a esta celebración y los acompañará al regresar. También hasta Roma ha llegado el mate. El mate es signo de familiaridad, de amistad, de encuentro. Nos enseña a compartir, a estar juntos, a estrechar los lazos que nos unen y hermanan. Es signo de acogida, de integración y de valores comunes. Tomar mate es un ritual lleno de simbolismos donde se dialoga sin palabras y cada detalle posee un significado propio”, afirmó.

Tras culminar la misa, el pontífice hizo un paso breve por la basílica de Paysandú, donde saludó a decenas de fieles que se encontraban en la puerta, y posteriormente emprendió el regreso a Montevideo para seguir adelante con su cargada agenda.

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