4 octubre, 2026

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Operación «Huerfanos de Coqui»: el peronismo chaqueño se llena de precandidatos que no le ganan a nadie

Jorge Milton Capitanich avisó que no vuelve a pelear por la gobernación, se atrincheró en el Senado y mandó a la tropa a «hacer la digestión generacional».

}La respuesta de la dirigencia del PJ chaqueño no se hizo esperar: de un día para el otro, medio partido levantó la mano y se descubrió con vocación de gobernador. Una estampida de vocaciones repentinas que bien podría llamarse «Operación Huérfanos».

Juan Manuel «Juanchi» García prepara el traje desde Machagai; Magda Ayala se anota desde Barranqueras con la cucarda de ser la que sobrevivió en el área metropolitana; Diego Bernachea organiza asados en Presidencia de la Plaza; Javier Martínez hace gimnasia desde Margarita Belén y sale de recorridas pero aclarando que «sólo se conversa con los compañeros»; también salió de recorrida Antonio Penci Morante el ex presidente de INSSSeP quien advierte que «se hace lo que se puede con un presupuesto magro»; y Santiago Pérez Pons se pasea como el tecnócrata iluminado que viene a explicar la economía no sólo en las pantallas de Resistencia sino en cuanta reunión le organicen. A ellos hay que sumar la guardia vieja, con Atlanto Pepe Honcheruk traicionado por MAgda Ayala y quien se ve obligado a «negociar» para procurarle días in sobresalto a su hijo que es intendente de Villa Berthet, y Juan Carlos Ayala un armador de siempre que se pasa en amagues, pidiendo pista para que la juventud no se lleve puestos los carnets de históricos.

Cualquiera que mire el desfile desde afuera podría pensar que el  Peronismo en Chaco subsumido en los mares del Kirchnerismo desborda de cuadros, frescura y músculo político. Sin embargo, en los pasillos de la política provincial la lectura es mucho más ácida: hay inflación de precandidatos precisamente porque hay quiebra de liderazgos.

Miedo a las urnas y adicción a la «lista de unidad»

La discusión interna no pasa por quién tiene la mejor propuesta para Chaco, sino por cómo inventar una unidad de utilería antes de que las urnas expongan la falta de peso de los postulantes. Y ahí aflora la gran diferencia de miradas dentro del PJ, por ejemplo:

Están los «iluminados del consenso», un sector que prefiere cerrar una mesa chica en Resistencia, repartir cargos en una planilla de Excel y lograr que «Coqui» les firme la lista. Buscan desesperadamente la bendición para no tener que medirse la espalda en el territorio.

Y también se observa a los «guapos del territorio», éstos observados en la liga de intendentes del interior que pide internas o encuestas, sabiendo que en sus pueblos cazan en el zoológico, pero omitiendo un detalle no menor: fuera de sus departamentos, el nivel de conocimiento que tienen en la capital y el resto del territorio roza el anonimato.

En el medio flotan los náufragos de las viejas divisiones —el CER de Gustavo Martínez o el Frente Integrador de Bacileff Ivanoff—, esperando en la orilla a ver si cotizan cotillón de unidad o si les conviene volver a ir por afuera para cobrar peaje electoral.

La maldición del roble: el precio de no haber dejado crecer a nadie

Lo que el Peronismo chaqueño padece hoy no es un fenómeno espontáneo. Es el resultado directo de 16 años de un modelo de conducción hiper centrado y omnipresente.

Jorge Capitanich fue el roble bajo cuya sombra creció toda la dirigencia actual. Un roble imponente que tapó el sol, absorbió todos los nutrientes y se reservó la centralidad absoluta de la gestión, la comunicación y la rosca. Durante más de una década, ser dirigentista del PJ significó obedecer, ejecutar y esperar la venia del jefe. Nadie construyó volumen provincial propio porque el propio sistema Coquista penalizaba el vuelo individual. Capitanich se ocupó de que hoy todos murmuren pero nadie se atreva a plantársele para disputarle el bastón.

El resultado está a la vista: hoy Capitanich se corre del centro del ring y el tablero queda ocupado por figuras que miden bien en sus feudos o en sus despachos, pero que individualmente no llegan a rozar el piso electoral histórico del PJ. Ninguno le saca el sueño al oficialismo de Leandro Zdero.

Mucha chapa, pocos votos

La gran paradoja del Peronismo local es que para pretender gobernar Chaco no alcanza con la ambición personal ni con sacarse fotos en las intendencias del interior.

Sin la figura de Capitanich encabezando la boleta, la chapa de precandidato del PJ cotiza en descuento. La sobreabundancia de anotados no refleja fortaleza, sino el desorientado manotazo de ahogado de un partido que descubrió, de golpe y porrazo, que se quedó sin heredero preparado. Y que, si no logra armar un programa creíble más allá del relato, corre el riesgo de convertir el mentado «trasvasamiento generacional» en una simple transición hacia la irrelevancia.

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