Salta. Ante miles de peregrinos, Mons. Santiago Olivera presidió la misa estacional en la catedral basílica. «Reciban la paz, salgan a servirla y a repartirla», propuso.
La arquidiócesis de Salta celebró este 14 de septiembre la tradicional misa en honor a la Exaltación de la Cruz, una de las expresiones más profundas de la fe del pueblo salteño y una de las celebraciones centrales del Triduo preparatorio para la renovación del Pacto de Fidelidad.
La Eucaristía tuvo lugar en la Catedral Basílica y fue presidida por el obispo castrense de la Argentina, monseñor Santiago Olivera, en el marco de la fiesta litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz. Concelebraron el arzobispo de Salta, monseñor Mario Cargnello; el obispo-prelado de Cafayate, monseñor Darío Quintana OAR; el obispo de Jujuy, monseñor Daniel Fernández; el obispo coadjutor de Orán, monseñor Claudio Castricone; el obispo emérito de Venado Tuerto, monseñor Gustavo Help; y el obispo emérito de Canelones, Uruguay, monseñor Alberto Sanguinetti, junto con sacerdotes del clero arquidiocesano.
La Cruz en el corazón del Milagro
Durante su predicación, monseñor Olivera recordó que la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz ocupa un lugar central en la espiritualidad del Milagro y destacó que la Iglesia celebra en ella la victoria del amor de Dios manifestado en Jesucristo.
«Hoy no exaltamos un patíbulo, no exaltamos el sufrimiento por el sufrimiento. Exaltamos lo que Dios hizo con ese madero: lo convirtió en el lugar donde el amor le ganó para siempre al mal», afirmó.
El prelado vinculó además esta celebración con la historia de fe del pueblo salteño, que desde los terremotos de 1692 encuentra en el Señor y la Virgen del Milagro un signo permanente de protección y esperanza.
«Tú eres nuestra paz»
Tomando como punto de partida el lema de las fiestas patronales de este año, «Señor del Milagro, Tú eres nuestra paz. Oramos para recibirla y servimos para darla», monseñor Olivera aseguró que la verdadera paz nace del encuentro con Cristo crucificado y resucitado.
Asimismo, recordó las primeras palabras del papa León XIV al inicio de su pontificado y subrayó que la paz cristiana es una paz «desarmada y desarmante, humilde y perseverante», capaz de sanar los corazones y renovar la vida de los pueblos.
«No hay paz verdadera que no pase por la Cruz», expresó ante los peregrinos congregados en la catedral.
Peregrinos de esperanza
Al finalizar su reflexión, invitó a los fieles a presentar ante el Señor del Milagro las cruces, sufrimientos y preocupaciones que cada uno lleva en su corazón.
«Lleven a los pies de la Cruz y de la Virgen del Milagro ese dolor, esa cruz que cada uno lleva. Reciban de ahí la paz. Y después, como dice el lema, salgan a servirla y a repartirla», exhortó.
La celebración reunió a miles de peregrinos llegados desde distintos puntos de la provincia y del país, que participan de los días centrales del Milagro para renovar su fe y prepararse para la histórica renovación del Pacto de Fidelidad con el Señor y la Virgen del Milagro.+
