15 junio, 2026

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A 44 años del final de la Guerra de Malvinas

Sáenz Peña. El 14 de junio de 1982 se produjo la rendición de las tropas argentinas en las Islas Malvinas, poniendo fin a un conflicto bélico de 74 días contra el Reino Unido que estuvo marcado por la desigualdad de recursos y el heroísmo de los combatientes.

La confrontación armada se había intensificado a finales de abril de ese año, cuando el gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher envió una fuerza de tareas naval hacia el Atlántico Sur en respuesta a la recuperación de los archipiélagos por parte de la Argentina el 2 de abril.

El bautismo de fuego ocurrió el 1 de mayo con ataques aéreos británicos sobre Puerto Argentino y Puerto Darwin, acciones que fueron repelidas inicialmente por las defensas terrestres impidiendo el desembarco enemigo.

El punto de quiebre de la guerra se desató el 2 de mayo con el hundimiento del crucero ARA General Belgrano por fuera de la zona de exclusión declarada unilateralmente por los británicos, un hecho que se cobró la vida de 323 tripulantes argentinos entre muertos y desaparecidos. A pesar de la superioridad tecnológica y logística de las fuerzas de la OTAN, las ramas militares argentinas lograron golpear a la flota británica en sucesivas misiones, destacándose el hundimiento del destructor HMS Sheffield mediante misiles Exocet el 4 de mayo y los letales ataques de la Fuerza Aérea el 8 de junio en Fitz Roy y Bahía Agradable, donde fueron alcanzados los transportes Sir Galahad y Sir Tristan.

Sin embargo, las tropas terrestres argentinas —compuestas en su mayoría por soldados conscriptos de 18 años sin el equipamiento invernal adecuado ni un esquema de abastecimiento eficiente— debieron hacer frente al avance definitivo de las columnas al mando del general Jeremy Moore tras los feroces combates del 12 de junio.

Finalmente, en la mañana del 14 de junio, el gobernador militar de las islas, Mario Benjamín Menéndez, acordó el cese de hostilidades y la capitulación en Puerto Argentino, una decisión que desactivó el conflicto armado pese a las directivas iniciales del presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri.

El teniente coronel retirado Abel Eduardo Aguiar, por entonces subteniente y abanderado del Regimiento de Infantería 25, presenció el izamiento de la bandera argentina una vez que desembarcaron las tropas en las islas y fue testigo del juramento que hicieron los soldados clase 63, que no habían llegado a hacerlo en el continente y que, por decisión de sus jefes, juraron en las islas.

“Me vinieron a buscar para llevarme a la casa del gobernador, que era donde se iba a realizar la ceremonia oficial de izamiento. Cuando se estaba por hacer, se trabó la driza del mástil, y el entonces subteniente Oscar Roberto Reyes se tuvo que trepar para solucionarlo. Tenía 21 años y sabía que estaba viviendo algo único, pero pensamos que iba a ser permanente. Jamás íbamos a imaginar lo que ocurrió después”, cuenta y detalla que mantuvo consigo la bandera de la Unidad hasta después del 1º de mayo. Luego del bombardeo, decidieron trasladarla junto al jefe del Regimiento. “La bandera no podía caer en manos del enemigo, pero tampoco teníamos previsto perder”, responde el oficial, oriundo de Tucumán.

“En la jura, los soldados forman solos y se comprometen a defenderla hasta perder la vida”, relata, mientras recuerda que nunca imaginó en aquel entonces que muchos de esos soldados morirían en cumplimiento de aquel juramento.

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