De la República a la “republiqueta”

Por Alfredo “Capi” Rodríguez

¿Qué diferencia a los buenos de los malos? ¿Su esencia? ¿Sus actos? ¿Su vida cotidiana? ¿Cómo influyen sobre las otras personas? ¿Qué construyen? ¿Qué destruyen? Desde mi punto de vista no existen buenos o malos, existen los hechos. En Argentina nos han marcado a fuego las diferencias entre unos y otros. Y si hay alguien que lo hizo en todo este tiempo fue Lilita Carrió, quien nos ha mostrado una Argentina distinta. Muchos la consideraron loca, pero a mí me ha merecido el mayor de los respetos desde siempre.

Lo que me movió a reflexionar sobre las actitudes de esta líder política y su círculo, fue ver su fotografía junto a los remiseros en Chaco, que estuvo circulando las últimas semanas en diferentes medios y redes sociales. Lilita ahora plantea una la línea gris, los buenos y los malos no existen. Están las personas que hacen, como ella, y las que no.

Sin embargo, me atrevería a hacer una observación. Le falta avanzar un paso más en su quehacer político, ya que sólo nos mostró la República en teoría. Se encerró en su idealismo, privó a miles de argentinos capaces que podrían haber colaborado en la construcción de la república y se autoproclamó “La República”. La soberbia no es el mejor consejero de aquellas personas que han obtenido muchos resultados, porque se caería en el mismo error que el kirchnerismo: se bañaron en vanidad y se robaron toda la Argentina.

Me gustaría refrescar una situación que ilustra mi punto de vista. Hace algo más de un año fui a escuchar a Lilita a una conferencia que brindaba en la Facultad de Derecho, en Corrientes. Para poder saludarla, todos los presentes teníamos que hacer una fila y ella esperaba sentada. Puede ser entendible, por el estrés y el agobio de semejante figura política, sometida a innumerables presiones y saltando de actividad en actividad.

Pero me impactó profundamente verla hoy en la fotografía con los remiseros, jugando a “buscar novio”, las pasadas semanas. Ante la pérdida electoral nos mostró que puede ser humilde y sencilla nuevamente. Allí se desvaneció la vanidad, ya no había que hacer largas colas para abrazarla.

La construcción de una república con participación

Qué importante fue Lilita durante los últimos tres años y medio, donde desde su espacio realmente tuvo la posibilidad de construir cívicamente y dotar de consciencia a miles de argentinos. Hoy escucho decir a muchas personas que no se puede creer que vuelvan a votar a estos ladrones, lo que es cierto, a mi manera de ver. Pero considero que el actual gobierno impulsó al monstruo con su propia soberbia y vanidad.

Los argentinos estamos desesperados por los errores, tanto del presidente Mauricio Macri, como los de la Alianza Cambiemos, donde está incluida también Lilita. En el Chaco han promovido únicamente al círculo interno de una gran fuerza política que fue el ARI (Afirmación para una República Igualitaria), hoy transformada en Coalición Cívica, y la vanidad nuevamente ha destruido esta posibilidad cívica de participación ciudadana de quienes la veíamos con expectativa e interés.

Hoy y desde hace varias elecciones atrás, presentan a una única candidata, que tiene méritos por sí misma, pero no alcanza. Mucho se habla de la renovación y, finalmente, no se abre la jugada, agotando y empobreciendo el espacio en una endogamia infértil. Y lo vemos en los últimos resultados electorales a nivel nacional.

Hoy, los líderes y referentes de este espacio político se reducen a muy pocos nombres, por no decir a uno, Alicia Terada. Aunque merece el mayor de los respetos, no dejo de preguntarme qué es lo que hicieron para crecer. El resultado de estas elecciones no fue la bronca y la desinteligencia de millones de argentinos, sino la vanidad del oficialismo y su incapacidad para formar nuevos cuadros.

No le echemos la culpa a los otros. La inspiración que representaron para miles debió y debe traducirse en formación política a futuro. La construcción de la república se hace con debate y participación, sumando voces e ideas. De lo contrario, lo que estamos creando es una republiqueta de cotillón.