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El calvario de 9 familias víctimas de la indolencia del abogado, ahora juez, Marcelo Gauna

Sáenz Peña. Esta es la historia de 9 jefes de familia que fueron bastardeados por el ex intendente Héctor Lilo Vega. Con padrinazgo de la UCR las familias consiguieron abogado: Marcelo «Chelo» Gauna. Un  juicio laboral se ganó, pero la indolencia, el desinterés, dejadez, pereza, y apatía, de Gauna genera un calvario para las familias.

Tal como este el sitio ChM había adelantado en una nota existe en Sáenz Peña un abogado que la política convirtió en juez y perdió el respeto por la gente. El medio en cuestión volvió a poner a Gauna en el ojo de la tormenta, y mencionó que era uno de los tantos abogados que servía a la política partidaria. Hombre ligado a la UCR de Sáenz Peña, siempre a las ordenes de aquel novel radicalismo que a fines de los 90 conquistó la comuna saenzpeñense.

Cuando en 2003 el peronista Héctor Lilo Vega le ganó las elecciones al radical Gustavo Núñez, la primera acción de Vega fue desconocer el pase a planta de un grupo de trabajadores, los que se presentaron a la Justicia para reclamar derechos. Entonces esos trabajadores buscaron en dirigentes radicales de Sáenz Peña apoyo, y fue entonces cuando, mediante Carim Peche, se le indicó a Marcelo «Chelo» Gauna representar a trabajadores de aquel municipio.

Pero tras ganar el juicio, y encontrarse con la negativa (incluso pública) del peronista Héctor Lilo Vega de no pagar, los trabajadores (9 en total) y sus familias confiaban en las acciones de su abogado, pero éste fue premiado por la política. La UCR, especialmente saenzpeñense, lo premió convirtiéndolo en juez de Procesos Ejecutivos Concursos y Quiebras, y desde ese sillón integra la Asociación de Magistrados. Y al no poder litigar, supuestamente, o al menos no de manera oficial, Gauna presentó a su socio Horacio Aguzin, un empleado de la legislatura chaqueña, y tras eso se fue desentendiendo de aquellas familias dejando en claro que se «robó» el derecho, el sueño, los anhelos, y las esperanzas de aquellas 9 familias.

La gestión García y el compromiso de pagar

Tras dejar Lilo Vega la Intendencia, las familias recobraron las esperanzas en la persona del nuevo intendente. Juan Manuel García dijo públicamente que las deudas deben ser honradas y dispuso a su equipo letrado a buscar armonizar alternativas de pagos. Incluso buscó que los fondos para pagar se garanticen y sean depositados en cuentas espaciales.

Pero más allá de esa acción de justicia, el compromiso de pagar, surgió otro problema: apareció la indolencia, el desinterés, dejadez, pereza, y apatía, de Gauna. Y las familias reeditaron un calvario injusto nuevamente, con el agravante que 8 de los 9 trabajadores ya murieron, esperando poder hacerse de esos derechos reclamados y ganados en estrados judiciales.

¿Por qué no cobraron todavía tras tantos años de litigio y luego de tantos años de sentencia ya firme? Porque el abogado de los trabajadores jamás actualizó la planilla de liquidación (cifras actuales e intereses), o sea Marcelo «Chelo» Gauna y su socio Horacio Aguzin.

La indolencia, ruina espiritual de la persona

Un abogado es el profesional responsable de asesorar, orientar y representar a sus clientes en asuntos legales. Si éste no cumpliere con aquello que se comprometió podría ser sancionado con censura, multa, suspensión o exclusión del ejercicio de la profesión, las cuales se impondrán atendiendo los criterios de graduación establecidos.

La sanción de censura es la prohibición de ejercer la profesión por un término señalado. Pero eso no podría pasar con Gauna, porque la UCR de Sáenz Peña, que lo sentó en el sillón de juez de Procesos Ejecutivos Concursos y Quiebras, lo protege. Ya lo demostró con las denuncias que fueron presentadas contra su Señoría en el Concejo de la Magistratura, oportunidad en que radicales y peronistas intercambiaron figuritas, favores, y entuertos de que sabe qué, y lo salvaron.

En su cómodo sillón de juez, con un salario cercano a casi 8 mínimos vital y móvil, se esconde de su representados (hoy familiares) como pretendiendo dejar en claro que junto a cada trabajador fallecido fue enterrada su representación. Un indolente, palabra que etimológicamente se refiere a el que no sufre.

El indolente se caracteriza por su negligencia, falta de actividad y de aplicación en el cumplimiento de las obligaciones. Es quien tiene ausencia de dolor, o sea aquel que ni siente ni padece, al que nada le afecta porque le importa todo un pito. El apático, flojo y perezoso, insensible a cualquier conmoción.