El Gobierno le quiere vender “espejitos de colores” a los mercados

La gran propaganda previa de cerca de dos semanas que rodeó a las medidas se tradujo en un gran “colchón de precios”. El Banco Central acompañó con una especie de “simulacro” y de cosmética.

Por Walter Graziano

Apenas pasadas unas horas de la fuerte suba en el riesgo-país al record de la era post-default de 854 puntos y de la fuerte baja del 8% de las acciones argentinas en Wall Street del Jueves Santo, el ministro Dujovne degradó al “plan económico” de la semana pasada a la categoría de una simple “herramienta”. De huracán pasamos a chubasco.

La reacción inicial de los mercados financieros a la nueva “herramienta” instrumentada por el equipo económico del presidente Macri tuvo el efecto de una “ducha helada” en las calenturientas mentes de funcionarios que garabatearon una serie de medidas microeconómicas muy puntuales tales como la “administración” de 60 precios de bienes básicos curiosamente “pactados” a valores muy por encima de los que había en ese momento en supermercados y la “generosa” colocación de algunos cortes cárnicos a precio de remate por valor de solo el 0,3% de las cantidades que suelen demandarse mes a mes.

En realidad toda esta serie de medidas vastamente publicitadas por el Gobierno no constituyen otra cosa más que una gran “avivada” de los funcionarios para intentar mostrar cifras inflacionarias más o menos aceptables en los 3 meses anteriores a las elecciones.

Ocurre que la gran propaganda previa de cerca de dos semanas que rodeó a las medidas se tradujo en un gran “colchón de precios” a través de remarcaciones preventivas en los comercios ante el temor de un avance controlador por parte de los funcionarios. Ese “colchón” debería funcionar durante unos meses como un factor moderador de la tasa de inflación de junio en adelante, hasta la primera vuelta electoral.

En otras palabras, la “avivada” gubernamental no es otra cosa que el “adelantamiento” de inflación futura al presente para que luego se vote en las elecciones en un clima de menor inflación que daría el vacío pretexto al Gobierno de mostrar al público advenedizo en materia económica una mejor performance en materia inflacionaria que pueda traducirse en más votos.

La “avivada” con la cuestión de los precios y la inflación no se quedó allí, sino que fue acompañada con una especie de “simulacro” y de cosmética del Banco Central sazonadas estas por la sobreactuación: el anuncio del congelamiento en las bandas de flotación del dólar en valores aproximados a los $40 y $51 acompañado esto de la noticia de que el Banco Central no intervendrá en la banda de abajo hasta el 30 de junio.

La intención de estas medidas es que los operadores anticipen un mayor rigor con el dólar, de manera que las expectativas antinflacionarias puedan consolidarse.

¿Cuál fue el resultado de este “simulacro” de acción con el dólar? : El aumento del riesgo-país y el derrumbe accionario. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que ya muy cerca de acabarse la entrada de dólares del FMI la posibilidad de terminar el año próximo sin “default” depende centralmente de que el Banco Central compre dólares en el mercado para poder pagar la deuda que vence ya avanzado 2020.

Hasta ahora, desde inaugurado este inestable esquema de emisión cero de base monetaria, el Banco Central solo compró u$s1000 millones en casi 8 meses. O sea, casi nada frente a vencimientos anuales de cerca de u$s30.000 millones en 2020 que por ahora no tienen financiamiento.

El Banco Central ya venía sin comprar dólares desde hace meses. Y ahora promete seguir así al menos dos meses más como mínimo y muy probablemente mucho tiempo más aún. Pero todo, todo… nada muy diferente a lo que hoy ocurre. Y si el “simulacro” alcanza a la política cambiaria con la banda inferior del dólar, el mismo se transmite en forma inmediata a la política financiera y a la banda superior: si bien la banda de arriba permanecerá – hipotéticamente, hay que esperar y ver – en $51 hasta fin de año, la efectividad de esto, hoy por hoy, es solo teórica.

¿Por qué? Porque el dólar está en $42, a 25% de ese nivel y porque el 70% de los plazos fijos tienen un plazo promedio de 30 días de duración, el 20% de 60 días y el 10% restante de 90 días. Vale decir que todos los plazos fijos del sector privado argentino fueron efectuados calculando que el dólar no debería superar los $45 a 30 días, $47 a 60 días y $49 a 90 días. Como puede observarse, el 100% de los plazos fijos de empresas y particulares están hechos “apostando” a que el dólar se mantiene lejos -bien lejos- de la banda superior de flotación.

Por lo tanto, ¿qué efecto es esperable que estas medidas puedan tener en la renovación o no de los plazos fijos? Poco y nada con respecto a quienes hoy ya están colocados en pesos. Algo podría pensarse con respecto a quienes hoy tienen dólares y podrían “asustarse” de que el dólar pudiera bajar por debajo de la banda inferior de flotación cercana a los $40. Pero aunque eso pudiera ocurrir -siempre en el terreno hipotético y teórico- ¿cuánto puede durar si la promesa alcanza solo a 70 días como máximo? ¿Y a qué nivel podría bajar el dólar si el Banco Central ya venía prometiendo que solo compraría la bicoca de u$s50 millones por día, en el mejor de los casos?

Como se ve, pura “cosmética”, puros “simulacros”. Medidas de carácter bien perverso con el solo objetivo de ver si se puede remontar terreno en las encuestas que dan perdedor por apreciable distancia al Gobierno en las PASO de agosto, la primera vuelta de octubre y el “balotaje” de noviembre, y no contra uno, sino contra todos los potenciales candidatos opositores.

¿Por qué las “avivadas”, los “simulacros” y la “cosmética” son de carácter perverso? Son de carácter bien pero bien perverso porque constituyen un “hagamos de cuenta que hacemos algo” con el objetivo único de marear a los operadores y lograr que estos crean que el que fue considerado “plan económico” y luego fue rápidamente degradado a “herramienta” por el propio ministro Dujovne ante las críticas locales y los malos resultados obtenidos en Nueva York, tiene chances de revertir lo que para muchos ya va resultando como irremontable.

Que en los despachos oficiales se piense que con la avivada de adelantar inflación, el simulacro de hacer creer que la banda superior del dólar para más allá de los próximos 90 días hoy tiene alguna relevancia, y la cosmética de anunciar por enésima vez cambios en la banda inferior de $40 cuando allí hay solo u$s50 millones diarios para comprar o no comprar por parte del Banco Central, no es otra cosa que tomarle el pelo a la gente.

Y si hay algo que los operadores argentinos y extranjeros no soportan es que se les tome el pelo, máxime cuando el déficit estatal sumando intereses de la deuda del Tesoro y pérdidas cuasifiscales del Banco Central supera cómodamente el 9% del PBI y nada se hace por reducirlo.
Los resultados del Jueves Santo en Wall Street para bonos y acciones argentinas parecen marcar a las claras que esta política de venderle “espejitos de colores” a los mercados, ahora de manera ya totalmente descarada tras años de hacerlo de manera encubierta, está llegando a su previsible final.