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La muerte de la periodista y escritora Magdalena Ruiz Guiñazú enlutó al periodismo argentino

Buenos Aires. La periodista y escritora Magdalena Ruiz Guiñazú murió a los 87 años. Así lo confirmo Jorge Lanata este martes, en su ciclo radial Lanata sin filtro. Desde hace algunos días que se encontraba ausente de su programa en Radio Mitre Magdalena y la noticia deseada, debido a complicaciones en su estado de salud.

«Acaba de fallecer Magdalena Ruiz Guiñazú, me acaban de avisar, por eso desaparecí del aire unos segundos», informó Lanata, notablemente conmovido por la noticia. «Si hay una voz reconocible para todos nosotros, de nuestra infancia, es la voz de Magdalena en la radio. (…) Pero más allá de eso, Magdalena fue en su vida una persona muy comprometida con los derechos humanos».

Nacida el 15 de febrero de 1935 en Buenos Aires, fue hija de María Celina Cantilo Ortiz Basualdo y de Enrique Ruiz Guiñazú, quien fue Ministro de Relaciones Exteriores y Culto durante los gobiernos de Roberto Marcelino Ortiz y Ramón Castillo. Dio sus primeros pasos en el periodismo a los 19 años.

«Soy la novena hija de una familia numerosa. Mi vieja me marcó mucho que si uno tenía la suerte de tener una familia, una educación, de poder leer, uno no tiene disculpa para no ser responsable de la realidad que nos rodea. No podemos hacernos los distraídos. Al menos yo no podía», explicó alguna vez sobre el impulso que la llevó a convertirse en periodista.

A lo largo de su carrera, trabajó en medios gráficos, radiales y televisivos, con algunas breves interrupciones por motivos personales, especialmente cuando nacieron sus hijos. Además, fue una activa militante en materia de derechos humanos; de hecho, al finalizar la última dictadura militar, conformó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep).

Fue, además, una de las pocas civiles que entró en la ESMA, de cara al juicio que se llevó adelante contra la Junta militar. «Es un lugar enorme, gigantesco, con vigas de hierro donde encadenaban a los detenidos. Reinaba un enorme silencio entre quienes habíamos entrado. Y no me preguntes por qué, pero me encontré diciendo, fuerte: ‘Por la misericordia de Dios, que descansen en paz’», recordó la periodista por entonces.

Su compromiso con la libertad de expresión la llevó a enfrentarse con gobiernos y colegas, pero siempre se mostró dispuesta a escuchar y a hacer oír sus convicciones. Muchos la recordarán, por ejemplo, dentro del grupo de periodistas, actores y músicos que se juntaron en un estudio para brindarle su apoyo a Tato Bores, luego de que el programa que conducía el humorista sufriera un acto de censura por parte de la jueza María Romilda Servini de Cubría, en 1992.

En lo personal, Ruiz Guiñazú contrajo matrimonio a los 22 años con César Doretti, el padre de sus cinco hijos. «En aquel momento la gente se casaba joven, ahora no se casa nunca», decía hace algún tiempo en una entrevista. Luego de separarse, volvió a apostar por el amor, pero no quiso volver a pasar por el registro civil: «Estuve en pareja con Sergio Dellacha: 27 años juntos, pero cada uno en su casa. No nos casamos y fuimos muy felices. Además de querernos mucho, me ordenó la cabeza. Era muy inteligente y tenía una gran facilidad para los números y la organización».

Uno de los momentos más tristes de su vida llegó con la muerte de uno de sus hijos, que tenía 28 años. «Se llamaba Edmundo, como mi suegro. Falleció del corazón. Después de un partido de rugby sufrió un infarto masivo. Tenía las coronarias limpias, pero se lesionó el músculo cardíaco. (René) Favaloro me dijo que era una lesión grave. Hoy en día existe la posibilidad de un trasplante; antes, no. El segundo infarto que tuvo lo mató», recordaba.

La radio, su gran pasión

Pese a haberse mantenido siempre en contacto con el periodismo gráfico y haber incursionado reiteradas veces en pantalla -fue conductora de un noticiero de Canal 7 junto a Antonio Carrizo, a comienzos de los 70, y movilera de un programa de Cacho Fontana en Canal 11-, fue la radio el medio en el que Ruiz Guiñazú consolidó un vínculo cotidiano con sus oyentes. Magdalena Tempranísimo se convirtió en una marca registrada en Radio Mitre entre 1987 y 2006, y también se sumó como columnista invitada de Lanata sin filtro en 2014.

En lo personal, Ruiz Guiñazú contrajo matrimonio a los 22 años con César Doretti, el padre de sus cinco hijos. «En aquel momento la gente se casaba joven, ahora no se casa nunca», decía hace algún tiempo en una entrevista. Luego de separarse, volvió a apostar por el amor, pero no quiso volver a pasar por el registro civil: «Estuve en pareja con Sergio Dellacha: 27 años juntos, pero cada uno en su casa. No nos casamos y fuimos muy felices. Además de querernos mucho, me ordenó la cabeza. Era muy inteligente y tenía una gran facilidad para los números y la organización».

Uno de los momentos más tristes de su vida llegó con la muerte de uno de sus hijos, que tenía 28 años. «Se llamaba Edmundo, como mi suegro. Falleció del corazón. Después de un partido de rugby sufrió un infarto masivo. Tenía las coronarias limpias, pero se lesionó el músculo cardíaco. (René) Favaloro me dijo que era una lesión grave. Hoy en día existe la posibilidad de un trasplante; antes, no. El segundo infarto que tuvo lo mató», recordaba.

«La inmediatez me encanta», decía sobre su amor por la radio. «Hay más inmediatez que en la televisión, y más acercamiento con la gente, más calidad. Ahora con los satélites y los emails todo sucede más rápido, pero en 1970 el famoso Discado Directo Internacional, el DDI, era un teléfono enorme que estaba en el ropero del jefe del noticiero y se enchufaba para ciertos programas», recordaba sobre las dificultades que presentaba el oficio décadas atrás.

Pero más allá del micrófono, amaba escribir. Además de trabajar como traductora, publicó algunas piezas de ficción -como la novela Huésped de verano o el libro de relatos Había una vez… la vida- y fue miembro de la Academia Nacional de Periodismo.

En 2018, sufrió un accidente doméstico y se quebró la cadera, por lo que tuvo que ser sometida a una intervención quirúrgica. «Como todas las mañanas, mientras me preparaba mi café, me agaché a recoger los diarios, y me caí sobre el mosaico», le contaba por entonces a LA NACION.

En marzo último, Ruiz Guiñazú se sentó a conversar con Pablo Sirvén y junto a él repasó varios momentos clave de su vida, entre ellos los distintos viajes que realizó a través de los años: desde los que hizo cuando era pequeña, en plena Segunda Guerra Mundial, y su padre era embajador, hasta su estremecedora cobertura de la visita del papa Juan Pablo II al campo de concentración nazi Auschwitz, en Polonia, pasando por sus ganas de volver a Grecia o sus soñadas vacaciones en Uruguay o en Mar del Plata.

«Con asistencia perfecta fue y sigue siendo un soldado del trabajo. Ni la tos, ni la fiebre, ni los duelos familiares fueron más fuertes que su romance apasionado con el micrófono», escribía Sirvén en la semblanza publicada en mayo de 2018, cuando Ruiz Guiñazú fue reconocida como ciudadana ilustre por la Legislatura porteña.

Actualmente, la periodista estaba al frente del ciclo radial Magdalena y la noticia deseada, los sábados de 10 a 12, por Mitre.