Mons. Ojea: «No necesitamos estar constantemente peleándonos para tener identidad»

Mons. Ojea: «No necesitamos estar constantemente peleándonos para tener identidad»

Buenos Aires. El obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Oscar Vicente Ojea, reflexionó sobre el Evangelio dominical dedicado a la parábola del fariseo y el publicano, afirmando: “El Señor nos quiere enseñar cómo orar, cuál es el modo de orar y no tanto cuánto orar”’; no le importa a Jesús cuanto oramos sino como”.

“El fariseo se presenta ante Dios seguro de sí mismo, está de pie; ora con muchas palabras, hace como un inventario de su cumplimiento de la ley, está orgulloso de sí mismo, se está mirando en un espejo, pero no se dirige a Dios, está centrado en sí mismo y en segundo lugar se compara con los demás: ‘yo te agradezco porque no soy como ese publicano’; establece una distancia, una diferenciación entre él y los demás, es como si para lograr identidad propia necesitara separarse del resto”, graficó.

“Qué común es esto en el mundo en que vivimos, en la vida política, en la vida social; buscamos adquirir identidad diferenciándonos de los demás y en realidad la identidad se adquiere por pertenencia”, aseguró.

El prelado sanisidrense explicó que en el caso de la oración se adquiere por ser de Dios, por dirigirse a Él, por pertenecer a un cuerpo, que es el cuerpo de la Iglesia.

“En el caso de un ideal o de un partido por pertenecer a un ideal, a un ideal positivo, no necesitamos para tener identidad estar constantemente peleándonos y diferenciándonos de los demás”, ejemplificó.

“El publicano en cambio se presenta con humildad que es la actitud propia de la oración; él se dirige a Dios, no se mira a sí mismo ni se compara, su actitud es la del hombre que quiere poner su verdad delante de Dios; su realidad”, agregó. Monseñor Ojea precisó que “esta es la enseñanza esencial de este Evangelio: para rezar tenemos que presentarnos ante Dios como somos, con nuestras miserias, con nuestras fragilidades, con nuestras necesidades”.

“El fariseo no pide nada porque no se experimenta pobre ni necesitado; el publicano en cambio necesita todo, por eso hace esta oración humilde delante de Dios”, diferenció.

“Que podamos aprender este camino y que podamos aprender que nuestra identidad está en buscar pertenencia y no en diferenciarnos de los demás”, concluyó.

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