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¿Qué dijo monseñor Barbaro en la homilía del funeral al despedir al Obispo Emérito Sartori?

Sáenz Peña. Opción de Noticias comparte con los fieles cristianos de la Diócesis Sán Roque la predica de Monseñor Barbaro durante el funeral de Monseñor José Lorenzo Sartori, tercer obispo de San Roque y emérito desde 2008.

Texto Homilía durante el Funeral:

Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no los afectará ningún tormento. A los ojos de los insensatos parecían muertos; su partida de este mundo fue considerada una desgracia, y su alejamiento de nosotros, una completa destrucción,pero ellos están en paz (Sab. 3, 1 ss.). Son palabras del libro de la Sabiduría que dan mucha luz para mirar desde Dios la partida de este mundo de un ser querido, de un amigo, y en este caso de un sacerdote y Obispo que ha servido tantos años a nuestra diócesis.

¿Quiénes son los justos? Justos son las personas santas a los ojos de Dios, que han procurado agradarle en esta vida. Este deseo impulsó a Mons. José Lorenzo a venir como sacerdote al Chaco, a trabajar en distintas parroquias y después a servir como Obispo. ¿Cuáles eran sus motivaciones? Evidentemente que Cristo fuera más conocido,más amado. Con espíritu misionero buscó llegar a gente tantas veces muy aislada, que necesitaban todo lo que se espera de un sacerdote.

La Iglesia quiere que en circunstancias como está, una Misa Exequial, las palabras del predicador no sean una especie de discurso sobre el difunto, sino que aprovechen a quienes seguimos transitando por esta tierra a caminar con el Señor. Sin caer en ese tipo de discurso de alabanza al difunto porque en todo debemos alabar al Señor, sí podemos dar gracias a Dios, alabarlo, por la vida de servicio de Mons. Sartori, llena de interés por las circunstancias de los demás. Es sin lugar a dudas un riquísimo ejemplo que Dios pone delante de nosotros. Nos aprovecha a los Obispos presentes y es estímulo para seguir caminando, sirviendo, con los ojos en el Señor buen pagador; sirve a los sacerdotes, religiosas y religiosos, a no bajar los brazos, con los ojos en lo que Dios nos pide, que la tarea que tenemos es inmensa y exige una entrega siempre renovada y alegre. Y aprovecha mucho a todo Uds. queridos fieles que acompañan con piedad este momento.

Estamos rodeados de mucha gente que anda desorientada por la vidas, a los tumbos,porque no apuntan a un final feliz en Dios. Si no saben para donde van, ¿cómo podrán ir por buen camino? En todo lo que hacemos es bueno preguntarnos ¿dónde vas? Como le parecía oír a San Agustín. Y eso todo no incluye solamente lo que se refiere directamente a Dios, sino todo lo de la vida personal, familiar, de trabajo, la convivencia social, nuestro servicio a los demás; ‘todo’ debe ser en nosotros un canto de alabanza a Dios.

A los ojos de estas personas desorientadas la muerte parece un castigo, pero -dice el libro de la Sabiduría- su esperanza, la de los justos, estaba colmada de inmortalidad. El deseo de servir como sacerdote fue la esperanza que movió la vida de Mons. Sartori, y ese deseo fue como tejiendo la inmortalidad con que Dios quería y quiso bendecirlo.

Dios lo probó como oro en el crisol, lo aceptó como un holocausto, dice también la Escritura. Se machaca el oro en el crisol para sacarle lo que sobra. Podríamos definir el holocausto como un sacrificio a Dios en beneficio de otros, y eso quiso Mons. JoséLorenzo de su vida. Un holocausto que se concreta cada día, en pequeñas cosas que muchas veces cuestan. Así tiene que ser la vida de todos en las circunstancias variadas de nuestro vivir: dejar a Dios que saque lo que sobra para que podamos ganar el Cielo y ser buenos instrumentos, no tener miedo a darnos, a que nuestra vida sea un holocausto agradable a Dios.

No faltaron en la vida de Mons. José Lorenzo muchos momentos de experimentar ese crisol, y de darse en holocausto. En estos últimos meses el Señor quiso probarlo de modo especial con limitaciones físicas fuertes, las de la enfermedad. Se notó lo del oro en el crisol, como le ayudaron a rezar, a ir descansando en el Señor.

Hemos escuchado también unas palabras de San Pablo a los cristianos de Corinto. Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muera par sí. Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte,pertenecemos al Señor. Es una lindísima consideración que nos da luz para agradecer al Señor la vida de Mons. Sartori, las cosas que quiso hacer en él.

Dice también San Pablo, todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios,porque está escrito: Juro que toda rodilla se doblará ante mí y toda lengua dará gloria a Dios, dice el Señor. Por lo tanto, cada uno de nosotros tendrá que rendir cuenta de sí ante Dios.

Tenemos la persuasión que Dios tendrá a Mons. José Lorenzo en el Cielo. Pero es bueno que recemos por si algo le queda por purificar. Lo estamos haciendo ahora con la Santa Misa. Esta renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz es lo que da sentido a la vida de los sacerdotes, es para lo que principalmente recibimos la ordenación sacerdotal. Comentaba alguno desconcertado a San Carlos Borromeo que no entendía a Dios que se había llevado a un sacerdote recién ordenado; el santo preguntó: ¿había celebrado Misa alguna vez? Ya estaba la razón ¡Cuántas Misas celebró Mons. Sartori a lo largo de su larga vida sacerdotal!¡Cuánta gracia a través de sus manos, de su voz! Sin duda lo tendrá en cuenta el Señor para que ya esté en el Cielo.

Escuchamos lo siguiente del Evangelio de San Juan: Jesús dijo a los judíos: les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en Aquél que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ha pasado de la muerte a la Vida.

Mons. José Lorenzo ha escuchado esa Palabra de Dios y la ha predicado, la ha enseñado. ¿No lo tendrá en cuenta el Señor? Ojalá todos nosotros no dejemos nuestra oración diaria, escuchar la Palabra y permitir a Dios avivar nuestra fe.

Las almas que ya están en Dios interceden por nosotros ante el Padre que está en los Cielos, nos ayudan. ¿Y a quién ayudará más Mons. Sartori? Evidentemente estarán en su mirada la familia de sangre. La misión sacerdotal lo quiso lejos de sus familiares,pero ahora los ayudará eficazmente desde Dios, está cerca. Y su mirada estará de modo especial en lo que fue el centro de su oración, de sus intereses: la Iglesia, el Papa a quien conoció y trató tantos años antes de que fuera trasladado a la Sede de Pedro. Y por supuesto su intercesión será de modo especial por esta diócesis, por su gente objeto de su amor y de su entrega sacerdotal y como Obispo.

En estos últimos meses, y en especial en estas últimas semanas, quienes lo acompañaban han sido testigos de su oración, muchas veces con los ojos cerrados. No lo molestará que ventile esta intimidad porque es a favor de los fieles. Sus oraciones se dirigían a Jesús, a la Virgen que sin duda era el centro de sus amores. Ella es la Puerta del Cielo; como no habrá oído esas oraciones, y el ruego suyo en tantas Avemarías a lo largo de su vida: ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte,una vez y otra. Sin duda lo escuchó y lo habrá presentado al Señor.

Que así sea.