Sáenz Peña. En la previa del Día del Respeto a la Diversidad Cultural, el referente del pueblo moqoit cuestionó la falta de reconocimiento efectivo a las comunidades originarias, reclamó mayor participación en las instituciones del Estado y advirtió sobre la situación territorial. “Estamos como a la deriva”, sostuvo al referirse a la pérdida de protección frente al despojo de tierras.
En vísperas del 12 de octubre, Juan Carlos Martínez, referente del pueblo moqoit del Chaco, planteó una mirada crítica sobre la situación de las comunidades originarias y sostuvo que, pese a los reconocimientos legales, todavía persisten deudas históricas vinculadas con la tierra, la inclusión laboral y la discriminación.
En una entrevista con LT16 AM950, Martínez cuestionó también el regreso de la denominación “Día de la Raza” para la fecha, en lugar de “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”, y consideró que ese cambio representa un retroceso en el reconocimiento de los pueblos indígenas.
“Nosotros creemos que la raza humana es una sola, que va a haber diferencias de culturas, pero no razas”, expresó.
Para el dirigente comunitario, el 12 de octubre no puede analizarse únicamente como una jornada conmemorativa, sino como una oportunidad para reflexionar sobre las consecuencias de la conquista y las dificultades que todavía enfrentan quienes descienden de los pueblos originarios.
“El día 12 es de luto y el 13, de resistencia”
Martínez propuso ampliar la mirada sobre las fechas vinculadas con la llegada de los europeos a América. Explicó que, desde la perspectiva de las comunidades originarias, el 11 de octubre representa el último día de libertad, el 12 es una jornada de luto y el 13 debería ser reconocido como el Día de la Resistencia de los Pueblos Originarios.
“Para nosotros es un día de luto porque somos los descendientes de aquellos que sufrieron esa conquista”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que la resistencia de las comunidades permitió preservar lenguas, costumbres y formas de organización a pesar de los atropellos sufridos a lo largo de los siglos.
El entrevistado también amplió la reflexión hacia la sociedad chaqueña en su conjunto. Señaló que quienes nacieron en la provincia, independientemente de sus raíces familiares, forman parte de la identidad territorial del Chaco, y vinculó esa pertenencia con la necesidad de defender los recursos y las tierras frente a procesos de extranjerización.
Discriminación: la exclusión de las instituciones del Estado
Uno de los planteos centrales de Martínez fue la escasa presencia de integrantes de comunidades originarias en organismos públicos, municipios y otras instituciones estatales.
Si bien reconoció que existen experiencias de convivencia entre jóvenes indígenas y criollos, advirtió que la discriminación no siempre se manifiesta mediante agresiones directas, sino también a través de la exclusión de los espacios de participación.
“La discriminación que más duele es la no participación de los pueblos originarios en las instituciones del Estado”, sostuvo.
Martínez señaló que muchos jóvenes moqoit cuentan con estudios secundarios y capacidades para desempeñarse laboralmente, pero encuentran dificultades para acceder a puestos de trabajo en las administraciones públicas.
“Hay jóvenes capaces y no están ni siquiera para servir un café en los municipios”, manifestó, al reclamar mayores oportunidades de incorporación laboral.
También cuestionó las relaciones que algunos sectores políticos mantienen con las comunidades, al considerar que en ocasiones el acercamiento se produce por conveniencia electoral y no mediante un vínculo permanente de diálogo y reconocimiento.
La tierra, una deuda que lleva décadas
La situación territorial fue otro de los ejes más duros de la entrevista. Según Martínez, el pueblo moqoit del Chaco continúa enfrentando serias dificultades para acceder a tierras suficientes y obtener títulos de propiedad comunitaria.
El referente estimó que existen aproximadamente 500 hectáreas distribuidas entre unos 44 asentamientos moqoit del sudeste chaqueño, una superficie que consideró insuficiente para las necesidades de las comunidades.
También se refirió a la Reserva Grande, en el norte provincial, un territorio de aproximadamente 308.000 hectáreas cuya situación, según indicó, continúa atravesada por conflictos judiciales y reclamos vinculados con la titularidad.
“Nosotros estamos hace 40 años en este tema y no podemos conseguir el título, cuando las leyes están a nuestro favor”, afirmó.
Martínez cuestionó que las comunidades deban recurrir a la Justicia para obtener el reconocimiento de sus derechos territoriales y contrastó esas dificultades con la posibilidad de que otros actores accedan a tierras mediante operaciones de compra y posteriores trámites de titulación.
Para el entrevistado, esta situación evidencia una distancia entre los principios de inclusión, equidad y reconocimiento de los pueblos originarios y su cumplimiento efectivo.
La preocupación por la protección de los territorios
Martínez expresó además su preocupación por la pérdida de vigencia de la Ley nacional 26.160, que establecía mecanismos de emergencia vinculados con la posesión y propiedad de las tierras tradicionalmente ocupadas por comunidades indígenas.
“Ahora estamos como a la deriva”, advirtió, al considerar que la desaparición de esa protección incrementa la incertidumbre sobre el futuro territorial de las comunidades.
En ese marco, mencionó las garantías constitucionales nacionales y provinciales que, a su entender, todavía deben servir de respaldo para evitar nuevos desalojos.
El referente insistió en que la cuestión territorial no puede quedar relegada a discusiones administrativas o judiciales, porque involucra la continuidad de las comunidades, sus espacios de vida y sus lugares sagrados.
Una fecha para revisar las deudas pendientes
A pocos días de una nueva conmemoración del 12 de octubre, Martínez planteó que el reconocimiento de la diversidad cultural debe traducirse en políticas concretas, oportunidades laborales y soluciones para los reclamos territoriales.
Su reflexión apuntó tanto a las autoridades como a la sociedad: las comunidades originarias no reclaman solamente reconocimiento simbólico, sino condiciones efectivas para ejercer sus derechos y participar en igualdad de condiciones.
En uno de los pasajes más contundentes de la entrevista, sintetizó el deterioro social que observa en su comunidad con una frase: “Pasamos de ser indígenas a ser indigentes”.
La expresión resume el reclamo de un sector que considera que, después de siglos de despojo y décadas de demandas institucionales, las respuestas siguen siendo insuficientes.
Para Martínez, el desafío del 12 de octubre consiste precisamente en dejar de lado los reconocimientos meramente formales y avanzar hacia una inclusión real de los pueblos originarios en la vida social, económica, política y territorial del Chaco.
