La inmoral utilización electoral de un muerto

Por Vidal Mario (*)

“Macri: maldito asesino”, decía un cartel que el Frente Popular Darío Santillán enarboló en Resistencia el 21 de octubre, durante una marcha realizada horas antes de las elecciones.

Había veda electoral, así que la disfrazaron de “marcha en solidaridad con el pueblo mapuche”.

Aquel cartel fue una síntesis perfecta del bastardo uso que se hizo de un muerto como bandera electoral.

Con las elecciones ya a las puertas, había gente que necesitaba sangre. En tal sentido, la desaparición de Santiago Maldonado fue para ellos un regalo del cielo.

El caso de Maldonado fue cargado a la cuenta de “Mugricio” y usado como carnada electoral.

Antes de que su cuerpo apareciera flotando en las heladas aguas del Chubut, alrededor suyo se montó la mayor burla a la democracia desde su reinstauración, en 1983.

La fábula mapuche

Todo comenzó cuando el 1 de agosto pasado mapuches encapuchados cortaron una ruta del sur exigiendo la liberación del terrorista Facundo Huala Jones.

Éste es un indio muy extraño. Hijo de un inglés y de una argentina, vota en Belgrano.

Por orden judicial, fueron hacia el lugar varios gendarmes para liberar la ruta, y los encapuchados se desbandaron.

Días después, apareció la fábula de que uno de los desalojados, Santiago, había sido detenido, golpeado, subido a un vehículo y llevado con rumbo desconocido.

Después le agregaron más fábulas. Entre ellas, la de un indio viendo cosas desde lejos con binoculares que cuando se le pidió dijo que se le había perdido.

Se habló de camionetas, de unimogs, de secuestros, de golpes y de caballos trepando por las montañas.

De inmediato, como por arte de magia, por todo el país aparecieron voces descartando cualquier otra posibilidad que no fuese la desaparición forzada del artesano.

La fiscal Silvina Ávila dictaminó, a pedido de los familiares, “desaparición forzada de persona”.

Hablaban de terrorismo de Estado, y asemejaban a Macri con un Falcon verde de los tiempos de la dictadura. Amenazaron de muerte a su hija de cinco años.

El paradero del tatuador era un misterio. Nada se sabía de él. Si estaba escondido o estaba muerto.

Tal desconocimiento no impidió que por todo el país emergieran como hongos las manifestaciones de repudio al gobierno, algunas de las cuales fueron violentas.

La marcha del 1 de septiembre fue tan destructiva que 22 manifestantes terminaron procesados.

“Macri ya tiene un desaparecido”

“Macri ya tiene un desaparecido”, aseguró Horacio Verbitsky, del CELS, en Página 12 del 7 de agosto.

“Estos tipos se cagan en la Constitución y en las leyes”, afirmó otro ex montonero, Mempo Giardinelli.

Por todas partes aparecieron como hongos carteles con leyendas rezando “Gendarmes asesinos”, “¡Fuera Bullrich!”, “Estado terrorista” y “¡Fuera, asesinos!”.

Acusaron al gobierno de montar “una campaña de encubrimiento y negación de una realidad”.

Y a Macri, en particular, de organizar “un estado represivo que nos llevará a otros Santiago Maldonado”.

Algunos maestros del sur usaron las aulas como tribunas para presentar a la Gendarmería como una violenta fuerza de ocupación al estilo Conquista del Desierto.

La primera regla es la educación, pero el hermano del muerto no demostró educación. Llamó “caradura” al Presidente sólo porque había llamado a su madre para presentarle sus condolencias.

Cristina, que no había tenido la gentileza de llamar a la familia de Nisman para presentarle sus condolencias, apareció en una iglesia con una foto de Santiago.

Ni golpes ni heridas

Cuando apareció el cuerpo, los forenses de la Corte Suprema de Justicia le hicieron la correspondiente autopsia. Más de cincuenta peritos, testigos y personas ligadas a las ciencias forenses constataron que no había golpes ni heridas.

Se determinó fehacientemente que el tatuador simplemente se había ahogado en el río.

Como por arte de magia, todos se olvidaron de él. Ya no les servía. Lo usaron y lo tiraron.

La sociedad, cada vez menos ingenua, se hartó de todo esto y trasladó su hartazgo a las urnas, produciendo el resultado electoral por todos conocidos.

Pero la familia Maldonado y una abogada llamada Verónica Heredia insisten con la “desaparición forzada de personas”, y amenazan con un juicio penal.

Antes, el asunto tenía connotaciones electorales. ¿Cuál será ahora el verdadero motivo de la familia por mostrar al artesano como un desaparecido político?.

(*) PERIODISTA E HISTORIADOR