Mensaje para el 2018 de Monseñor Hugo Nicolás Barbaro

(*) Obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña

La Navidad nos invita una vez más a poner los ojos en Dios. Se acerca tanto a nosotros que toma nuestra misma naturaleza humana, vive con nosotros, como nosotros, con esfuerzo y cansancio, alegrías y penas, momentos muy felices y de mucho dolor.

Cristo, Dios y Hombre verdadero, nos enseña con sus palabras y nos muestra con su vida el camino para ser plenos y muy felices, aún en medio de contradicciones y sufrimientos; dio todo por nosotros, hasta la muerte en la Cruz. Ahora sigue presente de un modo real en la Eucaristía; es cercano, nos escucha siempre y nos asiste continuamente.

Esta fe nos sostiene a los cristianos. ¿Podemos ser justos y muy buenos sin Dios? Sí, lo atestiguan muchas vidas. Pero también nos demuestran muchas otras que cuando se pierde a Dios del horizonte de la propia existencia, se pierde un punto de referencia crucial. Es más fácil la desorientación en la vida, no encontrarle sentido, o que de lo mismo cualquier actitud o conducta para conseguir la plenitud y la felicidad que Dios quiere para todos nosotros.

Esta ausencia de Dios puede llevar a carencias personales que fácilmente se transmiten a las familias y a todo el tejido social. Reflexionemos por ejemplo en las consecuencias del egoísmo de quien vive centrado en sí mismo, ¿tendrá interés por el prójimo, sensibilidad para a sus problemas? Si el mero interés personal es quien gobierna su conducta sin referencias morales, será fácil el recurso a la mentira, a la crítica despiadada o a la calumnia, todo como parte de un juego de conveniencias. El avaro que solo piensa en su bienestar y en tener más, ¿será sinceramente solidario. Al quien solo le interesan los placeres, ¿sabrá amar, darse con entrega a la familia?

Los cristianos entendemos que la solución es dejarnos transformar por Cristo. El seguimiento de Cristo es algo bueno y útil no solo para uno mismo. Vivimos en sociedad, por tanto la presencia de Dios en nuestras vidas, con todas las actitudes y virtudes que suponen, ayudarán a que las familias sean santuarios de amor a ejemplo de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Toda la sociedad se beneficia de personas justas que imprimen actitudes buenas y valores ahí donde está.

Nos preocupa nuestra Argentina, la violencia, la falta de capacidad de trabajar juntos, de dialogar y encontrar soluciones a los problemas que nos aquejan. Las dificultades son reales, pero ¿aportamos realmente, cada uno, caminos de solución?  Quienes tenemos fe podemos contribuir mucho. Lo haremos si nos esforzamos en vivir con coherencia nuestra fe, y siendo así focos de luz, de amor y de paz, con interés sincero por los demás.

Nadie da lo que no tiene y todo viene de Dios. Comenzaremos el año con la Solemnidad de María, Madre de Dios. Los argentinos queremos mucho a la Santísima Virgen, Ella es el mejor camino para acercarnos a Dios y dejarnos transformar. Pidamos a Nuestra Madre Santa María ayuda abundante de Dios, para cada uno, para nuestras familias, para nuestra sociedad; luces para que juntos encontremos salidas, con ojos para ver a quienes más sufren entre nuestros conciudadanos. Feliz Navidad y feliz Año Nuevo.

Presidencia Roque Sáenz Peña, 19-XII-2017.