Monseñor Montini pidió fortalecer la familia y que la Virgen inspire la esperanza del cielo

La Cruz. Como cada 15 de agosto, la comunidad de La Cruz celebró la fiesta patronal en honor a Nuestra Señora de la Asunción de Acaraguá y Mbororé, reconocida como una de las pocas advocaciones marianas surgida en las Reducciones Jesuíticas-guaraníes. La ceremonia estuvo presidida por Monseñor Gustavo Montini, obispo de Santo Tomé, junto al párroco local Jorge Gómez y el párroco de la comunidad de Alvear Aníbal Ciarrochi.

La misa central, que antecedio a una multitudinaria caravana vehicular por las calles de la localidad, contó con un marco importante de fieles. La celebración litúrgica tuvo lugar frente a la parroquia al aire libre para cumplir estrictamente con el protocolo de distanciamiento, dando ejemplo de responsabilidad ante la situación sanitaria que se vive por la pandemia.

Durante su homilía Monseñor Montini se focalizó en el lema diocesano de este año, la profecía de ser familia, abrazándose a la imagen maternal de María que supo ser fiel testigo y discípula de Jesús.

Cuidar la familia y fortalecerla

«Debemos ayudarnos y complementarnos para defender a nuestras familias, para que vivan de modo digno, no solo desde lo sanitario y emocional», citó el prelado, y recalcó que «muchas familias entran en crisis y se preguntan por qué. Estamos en crisis porque nunca hemos pensado en nosotros, nunca nos hemos dicho gracias ni nos hemos pedido perdón, y el tren de la vida pasa, y el daño en la familia, entre los que la integran es irremediable. No se cura con terapias. Hay heridas y dolores que marcan para siempre». Y advirtió que «los que terminan pagando el pato son los niños, los adolescentes y los jóvenes».

El obispo pidió que en medio de este desconcierto que vive la sociedad, «debenos ayudarnos hacer un pacto para defender realidades escenciales a la vida humana, y una realidad escencial es la familia». «La familia no pasa de moda. No se aprende de un día para el otro. Por eso el lema de la Diócesis dice la profecía de ser familia. La familia pequeña, doméstica, pero también la familia de la comunidad cristiana, la familia de la comunidad humana», resaltó.

Nadie será el mismo

Monseñor invitó a ver qué «sin este pacto somos los únicos seres que nos estamos destruyendo. La pandemia nos ha significado y nos significa un fuerte sacudón. Nos ha movido y nos mueve la estantería». En ese contexto repasó que alguien internado, en terapia, escuchando los llantos de los dolores de los demás, debe replantearse el hoy. «¿No es este un momento para barajar y volver a dar?», interpeló Monseñor, e invitó a tener presente que «de la pandemia de sale o mejor o peor, no igual».

«Y no depende solo de la intercesión de la Virgen, depende de nosotros. Mí presente y mí futuro no lo determina la bruja de turno ni el chamán que puedo contratar. Lo determina mí libertad y lo que hago con ella», afirmó.

En ese sentido alentó la vida comunitaria desde el compromiso y el amor, cómo lo hizo María. «Cada uno desde el lugar que ocupa y desde la responsabilidad que tiene. Sin dejar de poner lo propio. Que nadie se haga el distraído. Si uno se comporta mal su comportamiento daña a la comunidad», dijo, y pidió que «esté tiempo nos permita recogernos con nuestra interioridad. ¿Qué estamos haciendo con nuestra vida, con nuestra comunidad cristiana?», motivó a reflexionar.

La esperanza del cielo

Al hablar de la festividad Mariana, pronunció que «la Asunsión es celebrar la esperanza». «Es una fiesta profundamente esperanzadora, desde una perspectiva cristiana, una esperanza fundada en Dios. Es redireccionar el barco», sostuvo, para luego contextualizar con el presente y señalar: «la pandemia nos ha demostrado que la plata poco vale. La esperanza de la Asunción es la certeza que no estamos solo. Dios está con nosotros. Si Dios está con nosotros quien contra nosotros. Celebramos la presencia de Dios que no abandona a su gente y está presente. Dios está, y cuando Él está el corazón se siente de otra manera».

El obispo de Santo Tomé citó que «celebrar la Asunción es está esperanza, celebrar que Dios está. Debemos decirlo y decírnoslo entre nosotros. Otros nos pueden abandonar, pero Dios no. Hoy Jesús mismo se hace presente para traernos paz y luz, luz de la desesperanza».

Montini aseguró a la asamblea que «esta fiesta nos habla del cielo. ¿Dónde está la virgen?, en el cielo. ¿Con quién?, con Jesús. ¿Dónde está Jesús?, en el cielo. Es hacía ahí donde somos llamados a redireccionar la vida y nuestra barca. Por eso miramos con esperanza a aquellos que han partido, con el corazón lastimado, pero con esperanza».

Monseñor pidió mirar con atención nuestra vida en la tierra porque «esto no es lo definitivo». «No pongamos todo en el asador acá en la tierra porque lo definitivo es el cielo, donde está Jesús. La muerte ha sido vencida y es un paso, la muerte no tiene la última palabra. La fiesta de la Virgen nos pone está realidad, mirar con esta perspectiva, porque nuestro bienestar está en el cielo. El corazón del hombre no está hecho para llenarlo de cosas. El supuesto bienestar no hace feliz al hombre», insistió pidiendo fortalecer la fe y la esperanza en la promesa de Jesús.

«La Virgen aprendió de Jesús, fue su discípula. La liturgia la celebra haciendo un acto de caridad. Hay que orientarnos al cielo pero no cruzarnos de brazos, ni esperar que todo venga de arriba. Los gestos de misericordia, las grandes gauchadas, deben ser nustras obras de caridad», dijo y pidió tener «los pies en la tierra y las manos a la obra».

Finalmente, pidió por cada persona de forma especial a la patrona Nuestra Señora de la Asunción de Acaraguá y Mbororé, y mencionó el acto de la responsabilidad ciudadana, cómo el de elegir autoridades, pidiendo pensar en lo que uno vive y encomendar las acciones diarias a la Virgen.